domingo 8 noviembre 2026 - 17:06
¿Favorece a Irán la victoria demócrata en EE.UU.?

HAWZA/ QOM.- Mientras concluye el recuento de votos en Estados Unidos y un partido cede su lugar a otro, algunos celebran el cambio en la correlación política de fuerzas en Washington. Para ciertos sectores, la capacidad de influencia de Irán en las ecuaciones globales se ha hecho más patente que nunca; sin embargo, tras este relevo de poder subyace una realidad ineludible que no debe perderse de vista en medio del bullicio por la victoria o derrota de los partidos norteamericanos.

Según reporta la Agencia de Noticias Hawzah, los recientes acontecimientos en Estados Unidos y los resultados de sus comicios han situado nuevamente sobre el tapete el carácter de la confrontación estadounidense contra la República Islámica de Irán y su vínculo con las alternancias políticas en Washington.

A primera vista, la derrota del Partido Republicano y el triunfo de los demócratas en las elecciones estadounidenses podrían suscitar regocijo en algunos sectores; máxime cuando ha caído derrotada la formación de Donald Trump, presidente bajo cuyo mandato se desató la agresión militar directa contra Irán y durante el cual cayeron mártires miles de iraníes, el líder y guía de la comunidad islámica, y niños inocentes de Minab.

Con anterioridad, diversos analistas ya señalaban que el alto costo de la guerra contra Irán y sus secuelas —en particular el agravamiento de las dificultades económicas y la severa crisis de los combustibles en territorio estadounidense— figuraron entre los factores determinantes del fracaso republicano. Si bien este desenlace evidencia, por una parte, la capacidad de la República Islámica de pesar sobre el tablero mundial e incidir en las decisiones de las grandes potencias, por la otra jamás debe alimentar un optimismo infundado sobre una supuesta rectificación de la política de Estados Unidos respecto a Irán.

La realidad objetiva es que, para la República Islámica de Irán, no existe divergencia de fondo alguna entre republicanos y demócratas en lo tocante a su hostilidad visceral hacia la nación persa. Ambas organizaciones políticas han procurado, cada cual con sus propios métodos, quebrantar a Irán y socavar su soberanía, independencia y seguridad nacional: una mediante la guerra abierta y la agresión militar; la otra a través de las sanciones unilaterales y el asfixiante estrangulamiento económico. ¿Acaso no fue bajo administraciones demócratas cuando se dictó una porción sustancial de las mayores medidas coercitivas unilaterales contra nuestro país? ¿Acaso la política de presión extrema, el respaldo a acciones hostiles y las tentativas sistemáticas para doblegar la economía iraní han sido patrimonio exclusivo de un solo partido?

Un enemigo que hoy intenta doblegar a Irán mediante el ataque militar y mañana persigue idéntico fin a través del bloqueo económico, las medidas coercitivas, la instigación de desórdenes internos, e incluso conspiraciones golpistas e intentos divisionistas, no se transforma en amigo ni en adversario benévolo por un simple cambio de membrete de la fuerza en el poder. Para ambos partidos, debilitar a la República Islámica y arremeter contra su poder soberano e independencia constituye un objetivo estratégico permanente, instrumentado a lo largo de las décadas con tácticas disímiles.

En consecuencia, el revés de los republicanos puede interpretarse como prueba fehaciente del poder e influencia de Irán en los acontecimientos internacionales, ese mismo peso que, como sentenciara el Imam de la comunidad, ubica hoy a Irán en el concierto de las grandes potencias mundiales. Con todo, resulta imperativo no olvidar jamás que la animadversión de Washington hacia el pueblo iraní trasciende a administraciones y banderías políticas. Ningún sector en el país debe dejarse seducir por la falsa ilusión de un viraje sustancial de la política exterior estadounidense con la llegada de los demócratas, ni volver a fijar vanas esperanzas en la alternancia gubernamental en esa potencia imperialista; pues Estados Unidos, gobierne quien gobierne, sigue siendo el mismo imperio hostil.

El Imam Mártir recalcó en reiteradas oportunidades que no media distinción alguna entre las facciones políticas norteamericanas y que resulta estéril abrigar expectativas ante los relevos en la Casa Blanca:

«Estados Unidos es Estados Unidos; acceda uno u otro partido al poder, ninguno nos ha procurado el menor beneficio, sino daño y agresión. Uno nos impuso sanciones; otro derribó nuestro avión de pasajeros; aquel atacó nuestras plataformas petrolíferas y el otro suministró pertrechos a nuestros agresores. Nosotros no albergamos inquietud alguna; por la gracia divina, nos hallamos plenamente preparados para hacer frente a cualquier contingencia.

En el mundo, algunos se han puesto de luto lamentando el desenlace electoral en aquel país; otros, por el contrario, han estallado en algarabía y júbilo. Nosotros no.

Nosotros ni guardamos luto ni celebramos; para nosotros no reviste diferencia alguna. Nuestro empeño estriba en dilucidar de qué modo conduciremos al país a través de las eventuales dificultades; en ello debe concentrarse el pueblo entero.

El camino para sortear cuantos desafíos puedan presentarse ante la nación, sea en la presente etapa, de aquí a diez años o dentro de medio siglo, radica en la consolidación del vigor y la fortaleza interna del país.

Observen cómo se forja esa solidez. La cohesión interna del sistema constituye el pilar fundamental: solidez política, solidez económica, solidez cultural y, por encima de todo, la firmeza moral y espiritual de los individuos, muy especialmente de las élites y de los altos cuadros dirigentes del país.»

(Discurso pronunciado ante el pueblo de Isfahán, 16 de noviembre de 2016 / 26-08-1395)

«Tanto el partido cuya fuerza ejerce hoy el poder ejecutivo en Estados Unidos, como la facción rival que encabezó la administración precedente, carecen por entero de solvencia moral, habida cuenta de que ambos son responsables directos de innumerables crímenes y atrocidades… Ninguno de los dos partidos hegemónicos en Estados Unidos goza de preeminencia ética sobre el otro… Frente a esa catadura de gobiernos nos encontramos en Estados Unidos, y pretender que a través de la vía negociadora pueda arribarse a entendimientos y puntos comunes constituye un craso error.»

(Discurso en el encuentro con directivos y especialistas del Ministerio de Defensa, 31 de agosto de 2016 / 10-06-1395)

«A juicio de la nación iraní, no existe diferencia alguna entre el poder diabólico de Carter y el poder diabólico de Reagan. Con este nuevo relevo en su aparato estatal, Estados Unidos no ha hecho sino aproximarse al ocaso de su hegemonía. Ambas fuerzas políticas operan en función de la expansión del imperio económico y político. La distinción entre ambas es semejante a la que media entre el hipócrita y el infiel declarado: aquel encarnaba la hipocresía, mientras este personifica la incredulidad manifiesta… En el fondo, la situación no ha variado en lo absoluto. Nos asiste el deber de infundir temor a estos enemigos de Dios con nuestra absoluta y cabal preparación.»

(Sermón del rezo del viernes, 7 de noviembre de 1980 / 16-08-1359

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